sábado, 17 de septiembre de 2011

Libros perturbadores - Fanuel Hanán


Ante todo, quisiera comenzar esta charla agradeciendo a la Fundación C&A y
al CEDILIJ la invitación para participar en este encuentro. En realidad, esta invitación
ha servido como una excusa para darle forma a ciertas ideas que han rondado por mi
cabeza durante mucho tiempo en relación a los libros para niños que considero
perturbadores. Se trata de un tema que resulta inquietante para mí, no sólo por las
vinculaciones con ciertos contenidos prohibidos en la literatura infantil, sino porque
también me ha permitido constatar que existen muchos puntos muertos que han
surgido en el proceso de pensar y escribir esta charla.
Me gustaría explorar esta categoría de libros perturbadores que considero poco
tratados e incluso parcialmente marginados en la literatura infantil. Aquellos que
producen una sensación de inestabilidad en la mente del lector, que dejan
sensaciones amargas y que a veces pueden causar conmociones en nuestra psique
porque son devastadores.
El riesgo que representa navegar estas aguas puede generar enormes
turbulencias porque hay territorios que se comparten con otras categorías como el
horror, la trasgresión y lo extraño. Por eso, voy a tratar de marcar fronteras para lograr
una aproximación al tema que nos ocupa, no sin antes advertir que ésta no es una
charla complaciente ni tampoco luminosa.
Para acercarnos a la perturbación es necesario tocar aspectos de la sombra
que son repulsivos, violentos o intimidantes. No pretendo agotar esta discusión ni
llegar a verdades inamovibles; probablemente ni siquiera haya suficientes elementos
para pensar que existan tales libros perturbadores.
Lo que sí me parece conclusivo es reconocer que hay lecturas escabrosas y
desestabilizadoras, que el mundo de los libros para niños no es, ni debe ser,
enteramente idílico. Y que nosotros como mediadores debemos asumir que esas
lecturas también son necesarias y benéficas, en la medida en que nos hacen pensar y
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confrontarnos sin rodeos con aspectos que forman parte de la compleja experiencia de
crecer y de vivir.
________________________Bordes y fronteras de la perturbación
La idea de trabajar sobre este tema tiene su origen en una imagen. Como
ustedes saben, desde hace tiempo he estado investigando sobre la lectura de
imágenes, y uno de los principios que articulan parte de la selección que propongo
para hacer ejercicios de lectura visual está vinculado con la sombra.
Precisamente utilizo un cuento clásico, la versión de Caperucita Roja de
Charles Perrrault. Al final de esta historia, a diferencia de la versión recogida por los
hermanos Grimm, no viene ningún leñador que rescate a Caperucita del ataque del
lobo… y podríamos decir que este final, abrupto, instala una zona inquietante. No se
restablece el equilibrio en esa lucha entre el bien y el mal, no hay un cierre de final
feliz.
Bruno Bettelheim propone una lectura muy particular de este relato en su libro
Psicoanálisis de los cuentos de hadas. No sólo plantea los conflictos edípicos de la
protagonista sino también el propio deseo de ser devorada, lo que resulta aún más
inquietante. Abundantes claves aseguran la interpretación de esta versión, no como un
cuento clásico de advertencia sobre el peligro real de los lobos que merodeaban cerca
de muchos pueblos y aldeas, sino como una metáfora de otro tipo de lobos: el hombre
seductor.
En realidad, Perrault quería advertir sobre el abuso sexual. Leamos la
secuencia final de esta historia:
“Caperucita Roja se desnudó y se metió en la cama. Una vez dentro, al darse
cuenta de las hechuras tan raras que tenía su abuela desnuda, se quedó
bastante sorprendida.
—Abuela, qué brazos tan grandes tienes —le dijo.
—Son para abrazarte mejor, hija mía.
—Abuela, qué piernas tan grandes tienes.
—Para correr mejor, hija mía.
—Abuela, qué orejas tan grandes tienes.
—Para oír mejor, hija mía.
—Abuela, que ojos tan grandes tienes.
—Para ver mejor, hija mía.
—Abuela, qué dientes tan grandes tienes.
—Para comerte mejor.
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Y diciendo estas palabras, el lobo se abalanzó sobre Caperucita Roja y la
devoró.”
Quiero mostrarles dos imágenes que acompañan esta secuencia; se trata de
las fotografías de Sarah Moon para esta versión. En ella, el libro cierra con una doble
página donde podemos ver una cama desordenada en un ángulo poco usual, bañado
por un juego de luces y sombras que se desliza entre las sábanas insinuando
abiertamente un intercurso sexual.
He querido utilizar este ejemplo para ilustrar un aspecto vinculado con la
perturbación: cómo se manifiesta de manera metafórica más que explícita en muchos
libros para niños. Pero también cómo hay interferencias o coincidencias con otras
categorías del discurso como el horror.
Los cuentos de hadas son especialmente depositarios de esta riqueza de
contenidos arquetípicos y ancestrales, escenas, motivos y neurosis que dan cuenta de
un aspecto importantísimo que quisiera explorar como primera dimensión de la
perturbación.
El temor a lo desconocido representa uno de estos miedos ancestrales. La
pérdida de la seguirdad del hogar, el abandono y la separación de lo padres son
motivos angustiantes que se hacen recurrentes en muchos cuentos tradicionales. En
los relatos donde los niños son protagonistas, el sentido de esta separación puede
llegar a ser traumático porque el personaje no cuenta con las herramientas suficientes
para afrontar la supervivencia en un mundo hostil.
La desobediencia, un motivo recurrente en estos cuentos, acarrea sanciones
que pueden resultar desmedidas, como el abandono o la devoración. Penetrar un
bosque prohibido, tomar un alimento ilícito o hablar con un desconocido instalan
algunas de las advertencias que debe atender el héroe para lograr su destino.
En El pájaro emplumado, una variante del conocido cuento Barbazul, una joven
que es secuestrada por un brujo recibe la estricta prohibición de abrir una habitación.
Como prueba, le encomienda un huevo y un manojo de llaves. Pero, como siempre las
mujeres tan curiosas, ella decide abrir la puerta prohibida. Allí se encuentra con una
escena abominable:
“En medio de la habitación había un enorme cubo ensangrentado lleno de
cadáveres descuartizados y al lado un tajo con una brillante hacha encima.
Tuvo tal sobresalto de horror, que el huevo se le escapó de la mano y cayó
dentro del cubo. Lo sacó y le limpió la sangre, pero en vano: al instante volvía a
aparecer. Por más que frotó y lavó, la sangre no se iba.”
Realmente esta historia es escalofriante, y señala un aspecto de la psique
vinculado a la sombra: el deseo de muerte o la muerte metafórica. De alguna manera,
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penetrar una habitación repleta de cadáveres descuartizados crea toda una
ambientación macabra, que puede perturbar a cualquier lector, como la más
espantosa pesadilla.
Otro de los bordes que quisiera perfilar antes de entrar en el territorio más
recóndito de la perturbación, tiene que ver con la trasgresión. Precisamente, durante el
tiempo que he estado pensando y construyendo ideas alrededor de este tema, he
comentado lo difícil que resulta precisar cuándo un libro es perturbador y si realmente
podemos asegurar que son suficientes como para formar parte de una categoría. Casi
siempre he encontrado que gran parte de las respuestas y de los ejemplos que he
compartido en estas conversaciones tiene que ver con la transgresión o la subversión,
lo que NO necesariamente significa el planteamiento de conflictos que pueden
considerarse perturbadores.
Allison Lurie, en un divertido ensayo, No se lo cuentes a los mayores1, hace un
repaso por diferentes formas de subversión que emparentan la auténtica literatura
infantil con la cultura de la infancia, desde las rimas procaces de la tradición oral hasta
las irónicas respuestas de Alicia en el mundo del espejo. Creo que, cada vez más, los
libros para niños derrumban ese dique de contención que los adultos luchamos por
mantener incólume, bajo el preconcepto de que los niños son inocentes y de que se
debe imponer una censura que los proteja de ciertos temas y los mantenga alejados
de usos del lenguaje que consideramos impropios.
Dentro de esta tendencia encontramos la corriente de lo políticamente correcto,
que tanto ha sido ironizada por James Finn Garnner en sus Cuentos infantiles
políticamente correctos. Realmente una parte de los libros para niños que se
producen, y aquellos que los niños quieren leer, son libros poco complacientes, son
libros que hablan de temas difíciles y ubican al lector en medio de situaciones
controversiales.
Con seguridad, podemos afirmar que ya no existen temas tabú. Que esa
distinción forma parte de un pasado teórico reciente; que prácticamente todos los
temas han sido tocados en diferentes versiones en los libros para niños, incluso
aquellos que parecieran más restringidos, como el secuestro, el odio racial, el
matrimonio interétnico y la depresión.
En este momento quisiera contarles una historia que puede ayudarnos a fijar
1
No se lo cuentes a los mayores: literatura infantil, espacio subversivo. Lurie, Alison. Fundación
Germán Sánchez Ruiperez. 1998
5
esa frontera que se traza entre la perturbación y diferentes formas de subversión,
emparentadas generalmente con el humor. Quizás esta lectura nos permita explorar
otra arista del problema que les planteo como un interrogante: cuando hablamos de
perturbación ¿nos referimos a lo que perturba a los niños o lo que perturba a los
adultos? Es un asunto de recepción sobre el cual espero volver más adelante.
El libro que les quiero leer se llama Rey y Rey2. No es necesario ahondar en el
hecho de que este libro claramente subversivo no representa una amenaza a la
integridad psíquica del lector pues plantea un tema de controversia, descrito bajo un
tono muy desenfadado y con un final bastante feliz.
No existe una equivalencia, entonces entre libros transgresores y libros
perturbadores. Una vez que hemos trazado unas coordenadas mínimas para separar
la perturbación de otros territorios, me gustaría entrar de lleno en las diferentes formas
en las que la perturbación se hace presente en los libros para niños.
________________________Formas de la perturbación
Durante esta charla he hecho repetidas referencias a la perturbación, pero en
realidad no he precisado los contornos de este concepto y tampoco he dilucidado el
primer interrogante que tiene que ver con esta categoría. ¿Existen realmente libros
perturbadores? Y si existen… ¿cuáles son sus rasgos distintivos? ¿O sería más
apropiado hablar de formas de la perturbación o de lo perturbador en los libros para
niños?
Para responder parcialmente esta interrogante, quisiera adelantar algunas
características que considero inherentes a la perturbación, antes de describir algunas
formas que indican sus manifestaciones más concretas.
Considero que la perturbación, en principio, es un fenómeno de recepción, ya
que se activa de acuerdo con ciertos contenidos que están en el texto y ciertas
experiencias que están en la psique del lector. Hay libros que en su conjunto tienen la
particularidad de plantear indagaciones sobre aspectos que conforman la sombra
colectiva, y es por esto que los asumimos como perturbadores. Hay libros que no son
tan universales, pero tocan la sombra particular de un lector, y hay otros donde lo
perturbador se entreteje como parte de la trama discursiva.
2 Rey y Rey, HAAN, Linda, y STERN, Nijland. Serres. Barcelona, 2004.
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Como fenómeno de recepción, la perturbación va ligada a la intolerancia que
tenemos como lectores para aceptar nuestra sombra. Creo que, paradójicamente,
somos los adultos quienes asumimos con mayor dificultad estos aspectos oscuros,
que nos esforzamos por proyectar una imagen perfecta de nosotros mismos, que nos
resistimos a incorporar esa sombra como parte integrada de nuestra personalidad.
La perturbación está fuertemente vinculada con esa sombra, que en términos
junguianos se refiere a muchos aspectos disociados de la personalidad consciente,
como la envidia, el deseo de muerte, el odio, la mentira, la traición, la guerra, la
violencia gratuita, el desprecio, la burla, el rencor, el miedo, el ansia de dominio, el
poder, la avaricia, los celos…y un largo etcétera de aspectos que muchas veces se
encuentran reprimidos.
Para definir la perturbación, entonces, debemos hacernos la pregunta, en el
caso específico de la literatura infantil, de si ella se genera desde la perspectiva del
adulto o desde la perspectiva del niño. Creo que responder este interrogante puede
ser algo irresponsable de mi parte porque es apenas una hipótesis que debe ser
profundizada con estudios de recepción.
Volviendo al ejemplo de la versión de Caperucita de Perrault, recuerdo que
Bettelheim afirma que los cuentos infantiles deben cerrar de una forma satisfactoria
pues los finales abiertos (y sobre todo este final) dejan una sensación de angustia que
puede perturbar enormemente a un lector infantil. Y profundizando un poco más sobre
ello, seguramente hay lecturas que pueden generar abundante material para esas
pesadillas nocturnas que tanto nos inquietan.
La perturbación, a diferencia de otros aspectos, tiene la propiedad de
conducirnos a precipicios psíquicos, que desestructuran algo en nuestro interior o
nuestra manera de asumir una experiencia o de evaluar el comportamiento humano.
Esta sensación de inestabilidad nos conmociona de tal manera que puede
acompañarnos por mucho tiempo hasta que nuestra mente consigue rearmar las
piezas de esa nueva construcción que se ha instalado en nuestra conciencia. Por eso
pienso que los libros perturbadores son significativos y necesarios para hacernos
crecer, detonan cataclismos que destruyen parte de nuestros esquemas estables y
reorganizan nuestro sistema de creencias. Por otro lado, la experiencia perturbadora
puede ser mejor digerida a través de la ficción que plantean los libros y no como parte
de un encuentro directo con la realidad.
Antes de volver al interrogante que he estado planteando acerca de si
podemos considerar que exista una categoría que justifique la existencia de estos
libros, me gustaría señalar algunos mecanismos que definen formas de la perturbación
en la literatura infantil.
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_________________________Imágenes perturbadoras
Uno de los libros más punzantes en la historia de la literatura infantil europea
nace a partir de las ideas de un psiquiatra alemán; se trata del Pedro Melenas, de
Heinrich Hoffmann, publicado en 1845. Este libro, cáustico y mordaz, de textos ágiles y
humorísticos, plantea una serie de castigos ejemplares para los niños desobedientes.
Uno de los aspectos más innovadores de esta propuesta tiene que ver con las
imágenes, pues ya Hoffmann había ensayado con la figura de un personaje
desgreñado y con las uñas inmensamente largas para tratar a sus pacientes que
llegaban en estado de shock a su consultorio.
En el fondo, este libro plantea una tesis bastante interesante, vinculada con el
poder terapéutico de las imágenes en la mente infantil, desde el poder que ellas tienen
para estremecer y aterrorizar.
Me gustaría contarles la historia del Chupadedos, un niño que desatiende la
advertencia de su madre:
“‘¡Conrado!, dice mamá.
‘Salgo un rato, estate acá,
sé bueno, juiciosos y pío
hasta que vuelva, hijo mío,
y no te chupes el dedo
porque entonces —ay qué miedo—
vendrá a buscarte, pillastre,
con las tijeras el sastre,
y te cortará —tris, tras—
los pulgares, ya verás.’
Sale doña Berta y ¡zas!,
¡chupa que te chuparás!
Se abre la puerta y de un salto,
entra a la casa, al asalto,
el terrible sastre aquel
que venía en busca de él.
Con la afilada tijera
le corta los dedos –fuera–
y deja al pobre Conrado
llorando desconsolado.
Cuando vuelve doña Berta
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lo encuentra triste, en la puerta,
sin pulgares se quedó,
el sastre se los cortó.”
La imagen de un personaje horripilante que irrumpe en la escena con unas
enormes tijeras y la sangre que corre por los dedos recién cortados, no puede ser
menos que espantosa. A mí, particularmente, jamás se me ocurriría chuparme el dedo
después de haber leído esta historia.
Abundantes imágenes que percibimos como perturbadoras se recargan de esta
fuerza por las referencias intertextuales, por un lado, y por el otro mediante el uso de
lo que Max Ernst denominó la “enajenación sistemática”: imágenes insertadas en un
contexto ajeno hacen surgir la chispa de lo extraño, lo que genera en el mayor de los
casos sensaciones inquietantes. Lo podemos apreciar en la pintura metafísica de
Giorgio di Chirico o en las propuestas surrealistas.
Veamos cómo algunas imágenes enajenadas pueden realmente evocar
sentimientos muy difíciles de traducir, como la tristeza más profunda. Miremos este
cuadro de El árbol rojo3, donde una niña siente el peso de una vida realmente
asfixiante, y cuyo abatimiento se metaforiza en este inmenso pez en descomposición,
de labios mórbidos y ojos lúgubres.
También la perturbación se instala en las composiciones desquiciantes de
Greta la Loca, un libro que mira el mundo desde la perspectiva de una joven delirante
y violenta. Aquí se reproducen escenas de El jardín de las delicias de El Bosco, pintura
que aún hoy en día sigue siendo enormemente perturbadora por la representación del
mal, las torturas infernales y el sadismo.
________________________Temas inquietantes
Otras formas de la perturbación están vinculadas, obviamente, con el abordaje
de temas inquietantes. Hay comportamientos del ser humano, como el suicidio, que
son muy difíciles de digerir, especialmente en un público infantil cuyo gozo por la vida
determina una parte inseparable de su horizonte inmediato. El tema puede resultar
mucho más incompresible cuando el suicidio recae en un personaje de ficción cuya
desprotección logra crear lazos afectivos, como es el caso de A trompicones4, de
Mirjam Pressler. Aunque al final cierra el duelo, quedan las heridas de muchos
sentimientos de culpa que no se resuelven.
3 El árbol rojo. Shaun Tan. Bárbara Fiore, Cádiz, 2005.
4 A trompicones. Mirjam Pressler. Ed. Alfaguara, Madrid, 1992.
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Dentro de esta esfera existen otros temas complejos de tratar y de asimilar,
como el abandono de una madre, que deja a sus hijos para irse a vivir con su amante.
Esto ocurre en Chao5, de Lygia Bojunga Nunes, relato que deposita un sentimiento
bastante amargo y nos coloca en un juego de perspectivas donde somos
protagonistas de la lucha sorda entre la madre y su hija, justo en el momento en que
no hay posibilidades de regreso. Ciertamente es un libro controversial que abre
puertas a otros debates y que sacude con un final coherente pero bastante duro.
Hay otros temas que resultan exóticos, yo diría que vinculados con el concepto
de lo extraño. No representan conflictos cotidianos sino situaciones muy atípicas, que
son contadas por personajes también muy atípicos. Pienso que estas lecturas abren
las posibilidades de asumir otros roles como lectores; en ellas no se presentan
realmente esquema conocidos como la lucha entre el bien y el mal, el viaje o la
búsqueda. Reproducen vivencias de personajes más bien desapartados del colectivo,
despreciados o con limitaciones.
Me refiero a libros como Jesús Betz6, donde se describen las vicisitudes de un
niño que nace sin manos y sin pies, pero con una maravillosa voz. Todo, hasta el amor
de su madre, se plantea como una adversidad que el personaje vive con dolor hasta
que finalmente encuentra la felicidad.
Hay otras historias que plantean atmósferas enrarecidas, quizá como parte de
la construcción de un mundo de ficción amenazante, tal es el caso de Mi vida en la
maleza de los fantasmas7, del escritor nigeriano Amos Tutuola, donde un niño que
huye de la guerra penetra la “maleza de los fantasmas” donde vaga durante muchos
años, azotado por los castigos que le infligen diferentes razas de seres maléficos.
Realmente la ambientación forma parte de un imaginario onírico y distorsionado donde
se juntan numerosas creencias religiosas del pueblo nigeriano, pero también donde se
encuentra un paralelismo con los escenarios del infierno católico. En este caso, la
perturbación se muestra vinculado con lo extraño e incomprensible.
________________________La exploración psicológica
Explorar lo laberintos de un conflicto psicológico para intentar entender esos
resortes íntimos que mueven a un personaje a tomar una decisión o que describen el
5 ¡CHAO!. Lygia Bojunga. Ilustraciones de Ivar Da Coll. Traducción de Irene Vasco. Grupo Editorial
Norma. Bogotá, 2001.
6 Jesús Betz, Fred Bernard Ilustraciones de François Roca. Fondo de Cultura Económica. México, 2003.
7 Mi vida en la maleza de los fantasmas, Amos Tutuola, Siruela, Madrid 1990.
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dolor con el que se vive un proceso también forma parte de los contenidos
perturbadores. En La casa de Lucie Babbidge8, una niña huérfana se oculta en un
sótano para jugar con una casa de muñecas destartalada. En este juego solitario
reconstruye poco a poco el día en que ocurre un terrible accidente sepultado en su
memoria. Los planos narrativos magistralmente ensamblados crean una enorme
confusión entre la dura realidad que vive Lucie en el orfanato y su recorrido psíquico.
Pero también dosifica este complejo camino hacia la sanación.
En La cuerda floja9 la metáfora del laberinto se superpone a la búsqueda de la
protagonista en el interior de su psique para abrir la puerta a recuerdos que son
dolorosos pero necesarios de confrontar. El mundo paralelo que se plantea, donde un
pasillo se abre con sus infinitas posibilidades, trae consigo la angustia por saber qué
descubrirá María en cada nueva puerta que se abre, pero también cómo se acerca
poco a poco a un terrible acontecimiento que se niega a aceptar.
Develar estas capas, implica exponer un recorrido que inevitablemente se
detiene en parajes desoladores y en experiencias que pueden ser aplastantes, como
la incomprensión de una pérdida, el dolor de un sentimiento herido o el descubrimiento
de la crueldad en toda su extensión.
Debo comentar que hay dos libros muy extraños que he leído durante los
últimos años, uno de ellos es Pobby y Dingam10, del inglés Ben Rice. También aquí se
plantea una exploración psicológica, ya que el narrador cuenta la vida de su pequeña
hermana quien asegura tener dos amigos imaginarios. La aspereza que envuelve la
historia, en el contexto de un pueblo de mineros y una familia obrera, contrasta con
esas posibilidades irreales de creer en algo distinto y quizá más poético, pero que
forma parte de una esquizofrenia.
Este libro perturba porque hace pensar y es conmovedor, y aunque deja una
salida esperanzadora, el narrador no se detiene en descripciones románticas sino que
confirma la aspereza de un mundo que tiene leyes implacables. Al final, un maravilloso
ópalo de color del fuego sirve como tributo para pagar el cortejo fúnebre de estos
amigos imaginarios, Pobby y Dingam, pero con ello también se desacredita la magia
en un mundo donde la fe queda sepultada por la ambición del dinero.
8 La casa de Lucie Babbidge Sylvia Cassedy. Norma Bogotá Colombia 1992. Colección: Torre de papel
Serie: verde.
9 Cuerda floja BOJUNGA, Lygia. Ed. Norma. Bogotá. 1998.
10 Pobby y Dingam, Ben Rice. Editorial Planeta. Barcelona. Noviembre 2000.
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_______________________El mundo de ficción inestable
Entre las formas de la perturbación, quizás una de la más sofisticada tiene que
ver con la creación de mundos paralelos que pueden realmente deconstruir las
coordenadas del tiempo y del espacio, tal como funcionan en nuestro estable universo
cartesiano.
Algunas propuestas desarrollan la posibilidad borgiana de creer que el mundo
en que vivimos es, a la vez, un mundo de ficción inventado o soñado por otro. Este
recurso puede servir de marco para reflexiones ontológicas, como es el caso de El
mundo de Sofía11, de Justin Gaardner, pero también pueden hacer tambalear la
seguridad misma de una ficción, es decir, puede volverse metaficcional o, si se quiere,
más bien antimetaficcional, como sucede en El misterio de Cranctock12, del argentino
Sergio Aguirre. Desde la perspectiva asumida, no sabemos como lectores cuál puede
ser este terrible misterio que se oculta en el apacible pueblo de Cranctock, hasta que
descubrimos que todo lo que ocurre es movido por los hilos invisibles de un personaje
de ficción.
Coraline13, de Neil Gaiman, plantea la disolución progresiva del mundo paralelo
donde una madre siniestra pretende encerrar para siempre a una niña, que se ve
impelida a cruzar una puerta que se supone clausurada. Los motivos del umbral y la
existencia de un mundo que cohabita con la realidad cotidiana ponen al descubierto
una dimensión completamente macabra, donde se indagan deseos inconscientes. A
medida que Coraline va dominando estos impulsos, el mundo que ha construido la
figura de su madre postiza comienza a derretirse y a perder consistencia, lo que
genera una enorme inquietud; los contornos se desdibujan y los objetos se
desvanecen como símbolo de la desintegración mental.
_________________________El descubrimiento de un secreto
Existen, como he podido señalar, abundantes formas de plantear la
perturbación en la literatura infantil. Sin embargo, para mí, una de las más poderosas
está vinculada con el enfrentamiento que el protagonista debe tener con una verdad
que se revela, en la mayoría de los casos de manera imprevista. Descubrir un secreto
puede significar una experiencia devastadora. Muchas veces esta revelación sucede
11 El mundo de Sofía. Jostein Gaarder. Ediciones Siruela. Bogotá, 1994.
12 El misterio de Crantock. Sergio Aguirre. Ed. Norma. Bogotá, 2004.
13 Coralina, Neil Gaiman. Salamandra. Barcelona, 2002.
12
de manera fortuita, como parte de un proceso de búsqueda; en otros casos, los
enigmas se ocultan en claves que el protagonista no alcanza a descifrar, ya sea por su
inexperiencia o por su deseo de mantener un mundo feliz.
En El curioso incidente del perro a medianoche14, el segundo libro más extraño
que he podido leer en los últimos años, escrito por Mark Haddon, se cuenta la historia
de un niño discapacitado que decide investigar quién mató al perro de la vecina. En
esta pesquisa encuentra pistas que le revelan otros misterios más escabrosos acerca
de su vida, como el hecho de que su madre no había muerto en realidad sino que vivía
con otro hombre, y que su padre había intentado protegerlo, pero a un costo muy alto.
Hurgar en el pasado familiar y abrir gavetas donde se guardan secretos
penosos constituye uno de los recursos más potentes de la perturbación. Muchas
veces, después de estas revelaciones los personajes, y también los lectores, pierden
su inocencia.
En Las visitas15, de Silvia Schujer, uno de esos libros que llegaron a mis manos
por casualidad, el protagonista va descubriendo poco a poco verdades que son
punzantes, como el hecho de que su padre nunca se había ido de viaje sino que
pagaba una condena en la cárcel y que su madre oculta una relación amorosa.
Resulta aún más perturbador el final donde se enfrenta al hecho de que su mejor
amigo es realmente un hermano no reconocido. La verdad resulta, en estos casos,
abrumadora.
_______________________Finales poco esperanzadores
Para mí siempre ha sido importante la manera como cierra una historia. Como
lector y como crítico, siempre evalúo o siento cómo el final de un relato me impacta,
me seduce o me decepciona. En ese sentido, he constatado que uno de los aspectos
que puede generar mayor perturbación en un libro infantil tiene que ver con los finales
abiertos, pero no todos los finales abiertos sino aquellos que cierran las posibilidades
de que el o la protagonista pueda escapar de su propia miseria.
Veamos un poco cómo se plantean los finales de dos libros controversiales.
El primero de ellos es El Abrazo16, de Lygia Bojunga Nunes, donde se asume un tema
espinoso y difícil, la violación, pero aún más atrevido cuando se cuenta desde la
14 El curioso incidente del perro a media noche. Mark Haddon. Salamandra. Barcelona, 2003.
15 Las visitas, Silvia Schujer. Editorial Alfaguara. Buenos Aires, 1991.
16 El abrazo. Lygia Bojunga. Norma. Bogotá, 2003.
13
perspectiva de una víctima que decide repetir la experiencia como parte de una
psicopatía que la conduce a un encuentro con su propia muerte:
“El jardín desaparece en la oscuridad, pero Cristina aún percibe una corbata
(¿gris?) que sale del bolsillo rojo. Quiere volver a gritar, pero la corbata calla el
grito, y ya no sirve de nada que los pies quieran hundirse en el suelo y que las
manos quieran escapar: el hombre domina a Cristina y las manos de él la jalan,
sus rodillas la empujan, todo el cuerpo de él la presiona hacia el bosque. La
tumba en el suelo. Se monta sobre ella. La oscuridad lo cubre todo. El hombre
aprieta la corbata en su mano como si fuera una rienda. Con la otra mano
arranca, rasga, se libra de cuanta tela encuentra en su camino. Ahora el
hombre es todo músculo. Crece. Sólo afloja la corbata después del gozo.
Cristina apenas logra tomar aliento: ya siente la corbata en su cuello y
enrollándose en un nudo. Que aprieta. Aprieta más. Más.”
Otro final que deja esa sensación de intemperie, de inseguridad, está contado
desde la perspectiva de una niña de la calle en un libro bastante crudo que se llama
En la oscuridad17, del brasileño Julio Emilio Braz:
“Epílogo
La plaza crece frente a mis ojos. Nunca me había parecido tan grande como
ahora, cuando todavía lloro por Doca. Un llanto inútil. Tonterías de un corazón
lleno de dolor y de miedo, de mucho miedo. Puedo ir con Pegador. Puedo
quedarme sola. Puedo ir con las otras niñas. Puedo ir a la Institución para
menores. Puedo simplemente dejar de pensar y dejar que la vida me lleve. ¿No
es lo que siempre hace? Voy a la iglesia. ¿Será que yo voy a encontrar a Dios?
Bueno tal vez… Pero sólo tal vez. No importa. Tal vez encuentre un poco de
paz, algunas monedas. Es mejor no forzar la suerte. ¿Para qué querer más?
No es posible querer más. Doca… Doca… Doca. Tengo miedo, mucho miedo.
La ciudad es oscura. Las calles están llenas de gente. Pero las personas pasan
presurosas. No miran. No piensan. No ven. Pasan como pasa el tiempo, las
cosas buenas, las cosas malas. Estoy creciendo. Tengo miedo. ¿Estoy
comiendo? No sé. Todo es tan difícil. Amaneció lloviendo.
Ya me voy, voy a ver que puedo hacer para seguir viva.”
Para concluir este breve repaso por este tema fascinante pero complejo, que
17 En la oscuridad. Julio Emilio Braz. Fondo de Cultura Económica. México, 1991.
14
tiene abundantes aristas y, a su vez, es inasible, me gustaría volver a la pregunta que
he formulado desde el comienzo: ¿existen realmente libros perturbadores? Y si existen
¿cuáles pueden ser sus rasgos visibles, cómo los podemos distinguir? Sostengo que,
como afirma Tzvetan Todorov, el semiólogo búlgaro recientemente ganador del premio
Príncipe de Asturias, que los géneros son como casillas de libros posibles, libros que
pueden existir y libros que nunca existirán, aunque los hayamos pensado.
Teóricamente podríamos plantear que existen estos libros perturbadores y, aunque
sólo podamos reconocer estos rasgos al menos en un libro, la categoría encuentra
justificación.
Sin embargo, pienso que más allá de un debate, probablemente infructuoso,
sobre la teoría del género, resulta más edificante entrar en contacto directo con libro
bastante perturbador18.
Espero no haberles dejado, con esta lectura, un mensaje desolador, pero sí
haberlos hechos pensar en estos raros y extraños libros que pueblan ese universo no
tan idílico de la infancia.
Muchas gracias.
18 Nota del editor: en este punto el conferencista leyó Juul, de MAEYER, Gregie de. (1996).
Madrid: Lóguez.
15
_________________Bibliografía
AGUIRRE, Sergio (2004). El misterio de Crantock. Bogotá: Norma.
AGUIRRE, Sergio (2000). Los vecinos mueren en las novelas. Bogotá: Norma.
BATTISTINI, Matilde (2004). Symboles et allégories. París: Hazan.
BETTELHEIM, Bruno (1978). Psicoanálisis de los cuentos de hadas. Barcelona: Crítica.
BERNARD, Fred y Francois ROCA (2001). Jesús Betz. México: Fondo de Cultura Económica.
BOJUNGA, Lygia (2007). ¡Chao! Bogotá: Norma.
BOJUNGA, Lygia (2003). El abrazo. Bogotá: Norma.
BOJUNGA, Lygia (1998). Cuerda floja. Bogotá: Norma.
BOYNE, John (2006). El niño con el pijama de rayas. Barcelona: Salamandra.
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_______Fanuel Hanán Díaz
Escritor, crítico, investigador y docente venezolano. Licenciado en Letras por la
Universidad Católica Andrés Bello (Venezuela) y magister en Ciencias y Artes
Aplicadas. Fue pasante en la Jugendbibliothek de Munich (Proyecto UNESCO), donde
trabajó sobre libros antiguos para niños y la lectura de imágenes. Publicó artículos y
libros de su especialidad y dirige la revista Barataria. Es Profesor del Máster de
Literatura Infantil, Universidad de Barcelona y Banco del Libro, también dicta Escritura
Creativa en el curso virtual de CERLALC. Coordinó el Departamento de Selección de
libros para niños y dirigió la revista Parapara (Banco del Libro). Dictó conferencias y
talleres en Argentina, Colombia, Costa Rica, Chile, Ecuador, Honduras, México, Perú,
Puerto Rico, Uruguay y Venezuela. Obtuvo dos veces el Premio Nacional de literatura
infantil de su país. Algunas de sus obras figuraron en Los Mejores libros para niños
del Banco del Libro. Postulado por Venezuela para la Lista de Honor IBBY 2008.

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